Es habitual que los rosales
sufran la plaga del pulgón.
Lo que se suele detectar es
una multitud de insectos panzudos,
normalmente de color verde
o amarillo, apilotonados en
los brotes más tiernos
y jóvenes de la planta.
Los pulgones se alimentan
de la savia de la planta,
la cual succionan con su aparato
bucal.
La forma mediante la cual
llegan a la planta es volando.
Una vez en ella se aferra
a los brotes jóvenes
de los cuales se alimenta,
iniciando la puesta de huevos
que eclosionan rápidamente.
Los jóvenes pulgones
son ápteros (sin alas)
y también se alimentan
de la planta.
La
savia de las plantas es muy
deficitária en nutrientes,
por lo que los pulgones la
succionan y excretan continuamente,
dejando las hojas manchadas
de un líquido azucarado.
Sobre este líquido
suele desarrollarse un hongo
de color negro (conocido
vulgarmente como "negrilla")
que aunque no daña
directamente a la planta,
si que disminuye su capacidad
fotosintética, debilitándola.
Además esta substancia
es muy apreciada por las hormigas,
que cuidan a los pulgones
como si fueran vacas, resguardándolos
durante las lluvias en los
hormigueros.
Para un control de los insectos
sin ningún tipo de
insecticida, la única
solución es sacudir
los brotes con pulgón,
recogiéndolos en un
recipiente y matándolos
(p.ej. ahogándolos
con agua). Las hojas con negrilla
pueden limpiarse pulverizandolas
con una disolución
hecha con agua y jabón
limpiavajillas.
De todas formas hay un extracto
de una planta que tiene propiedades
insecticidas, se trata de
la Piretrina Natural, extraida
de la flor del Pelitre. Una
aplicación con este
producto cada 15 días
ha de mantener los rosales
límpios de pulgón.
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